Silverstone, uno de los circuitos con más historia en el mundo, se vio privado el año pasado de celebrar en forma normal la fecha de MotoGP debido al anegamiento de la pista en condiciones de lluvia. La repavimentación efectuada ya funcionó con la Fórmula Uno y el próximo fin de semana le toca a la categoría reina tomarse revancha de la frustración de 2018. Qué ver en la zona y en Londres.

El primer Grand Prix de motociclismo se corrió en Silverstone en 1977. Antes de ese año, la fecha británica del Campeonato del Mundo se disputaba en el mítico circuito TT de la Isla de Man. Entre 1988 y 2009, la máxima categoría corrió en Donington Park, antes de volver a Silverstone en 2010. 

Quienes tienen la chance de presenciar esta competencia, disfrutan además de los bellos paisajes de la campiña cercana en el sur de las Midlands o de la visita a Londres, una de las ciudades más populares del mundo que recibe 20 millones de turistas al año. Otros lugares para recorrer son el Distrito de los Lagos, los Costwolds, las Highlands o Tierras Altas de Escocia y las montañas de Gales, todos sitios donde vale la pena quedarse unos días. 

El circuito de Silverstone está situado en el corazón del Reino Unido a una hora y media del centro de Londres y a una hora de Birmingham. El acceso en auto es a través de una vía de dos carriles la A43 luego de transitar la M40 o la M1.

En caso de utilizar el transporte público las estaciones más cercanas son Northampton, Banbury o Milton Keynes, ciudades todas con conexiones rápidas a distintos puntos del país.

Londres, siempre vigente

La ubicación del circuito, permite conocer muchas ciudades atractivas. Por supuesto que Londres es la más interesante de todas. La capital del país es uno de los destinos más visitados del mundo y hay tanto para ver que es imposible hacerlo en una sola visita. 

Entre las recomendaciones merece mencionarse el London Eye, para ver la ciudad en un día claro desde 135 metros de altura, el Big Ben del edificio del Parlamento -ahora en reparaciones- y la Abadía de Westminster, un hito en la historia británica.

El Museo Tate Modern, en la misma orilla sur del Támesis que el London Eye, permite apreciar lo mejor del arte moderno en un edificio que originalmente era una usina. La entrada es gratuita y además de las exhibiciones temporarias, las muestras permanentes albergan lo más paradigmático del arte moderno.

Cruzando más adelante el Puente del Milenio se llega frente a la Catedral de Saint Paul diseñada por Wren, después del gran incendio de Londres. Es un excelente punto de partida para recorrer la City. Allí están los grandes medios de prensa internacionales y otras iglesias como la del Temple, mencionada en el Código Da Vinci, así como algunos negocios interesantes como la casa de té Twinings que funciona en el mismo lugar desde hace más de 300 años. 

Otra atracción imperdible es el Tower Bridge o Puente de Londres. Al frente se ubica la Torre de Londres, fortaleza que data del año 1070. La entrada es cara, las filas son eternas, la cantidad de yelmos y armaduras resulta un poco abrumadora, pero las joyas de la Corona Británica son simplemente fantásticas. Los Beefeaters y los cuervos completan una visita que lleva al menos medio día. 

Si solo hay tiempo para un museo, hay que elegir el British Museum, uno de los más destacados del mundo, con colecciones de arte egipcio, etrusco, griego, romano, europeo y del cercano oriente.

Para ver vidrieras y animarse a alguna compra (la libra cotiza a más de 72 pesos por estos turbulentos días…) lo mejor es recorrer Oxford Street, Regent Street y Piccadilly Street. Otro lindo paseo de compras es visitar la feria de Portobello Road en el barrio de Notting Hill.

Entre Shakespeare y el Código Enigma

Desde Silverstone también puede visitarse Blenheim Palace en Woodstock, lugar de nacimiento de Winston Churchill, o Bletchley Park, la instalación militar localizada en Buckinghamshire, donde se descifraron los códigos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. 

Otras opciones pueden ser la bonita Stratford-upon- Avon, la ciudad de Shakespeare o la académica Oxford, con sus doradas agujas, para conocer claustros, iglesias, museos y bibliotecas.

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