Como consecuencia de un derrame cerebral, murió el expiloto norteamericano, Bill Simpson, quien compitió en la serie de IndyCar entre 1968 y 1977, a lo largo de 52 competencias y logrando su mejor resultado en la competencia de Milkwakee de 1970, donde llegó sexto.
Pero su gran aporte al automovilismo deportivo, fue la implementación de elementos de seguridad para los pilotos, pasando por cascos, botas, guantes y sobre todo la confección de buzos antiflama, tras descubrir la utilidad del Nomex como antiflama, cuando trabajaba para la NASA. El mismo probó la utilidad del elemento, al prenderse fuego y comprobar que por espacio de 45 segundos, la prenda protegía contra el fuego. Otro de su sus aportes para la seguridad, fue la utilización de paracaídas para frenar a los vehículos Dragster, que compiten en pruebas de picadas de 500 metros y que siguen marcando rumbos en cuánto a la velocidad de los vehículos.
A traves de su empresa, Simpson Performance Products, fue forjando distintos elementos de protección para los pilotos y uno de sus puntos más salientes, fue la utilización de los buzos antiflama en la edición de 1967 donde 30 de los 33 pilotos lo utilizaron. Sus aportes fueron reconocidos y le valieron ingresar al Salón de la Fama de los Estados Unidos en 2003 y de la Indianápolis en 2014.