La Fórmula Eléctrica llega en su segunda fecha de la temporada a las calles de Marrakesh, en Marruecos. Las montañas, el desierto y la costa pobladas por bereberes y nómades de este país africano son una gran atracción para viajeros de todo el mundo.

De las dunas de Sahara a los picos más altos de los Atlas, Marruecos es una gran atracción para turistas. Las montañas del país ofrecen placeres simples pero inolvidables. En la zona baja, la irregular línea costera despliega caídas de agua en medio de las sierras con vegetación, mientras que cerca ya asoma el desierto.
La idea para quienes viajan a este país- en este caso a ver la Fórmula Eléctrica- es tener un buen margen de tiempo para realizar muchas otras actividades: trepar al pico más alto del norte de África, pasear en camello, hacer shopping en los bazares, perderse en las medinas -como la de Fez y de la propia Marrakesh- y tomar baños en los hammam.
Para manejarse en el país, la manera más económica y más eficiente es utilizar los buses, que por lo general son muy seguros. La red de tren de Marruecos es excelente y una de las mejores de África, conectando los centros principales. Hay dos líneas principales: de Tánger a Marrakesh via Rabat a Casablanca y de Ouja o Nador en el noreste a Marrakesh, pasando a través de Fez y Meknés.
Los viejos autos Mercedes Benz que se ven en las rutas de Marruecos están disponibles en las estaciones de buses y funcionan como taxis compartidos.
Precios de las entradas
Los tickets para ver la FE van desde los 5 a los 50 dirhams es decir de los 10 a los 100 pesos argentinos para ingresar al E-Village y al Festival de tecnología, entretenimiento e innovación de la Fórmula E, mientras que cuesta entre $ 30 y 300 pesos argentinos para el acceso a las tribunas con butacas.
Las tribunas ofrecen una privilegiada vista de la pista y el confort de estar a la sombra, así como la oportunidad de seguir la acción en forma directa y a través de una pantalla gigante.
Qué ver en Marrakesh

La plaza principal Djemaa El Fna es la principal atracción de la ciudad. El teatro callejero se despliega allí desde alrededor del año 1050, fecha en que se realizaban allí las ejecuciones públicas. El sonido de las flautas de los encantadores de serpientes empiezan desde media mañan, pero el show se inicia al atardecer.

El Palacio Bahía es otro de los imperdibles en la ciudad. Los salones del pequeño y del gran riad muestran un increíble trabajo de marquetería y techos de madera pintada (zouak), mientras que el enorme patio conduce a la Sala del Honor, que exhibe un techo espectacular.
La zona del harem tiene interiores fascinantes con paneles forrados en seda, ventanas con vitrales y techos primorosamente pintados.
Yves Saint Laurent le regaló a la ciudad de Marrakesh el Jardín Majorelle. Saint Laurent y su compañero Pierre Bergé compraron la villa color azul eléctrico (¡) y su jardín, para preservar la visión de su dueño original el paisajista Jacques Majorelle y para mantener abierto al público este psicodélico jardín de 300 especies botánicas de los cinco continentes.
La medina de Marrakesh se abre desde la plaza Djemaa El Fna para desplegar todos sus encantos. Perfume de especias y carne asada invaden los pasillos laberínticos en los que los vendedores vocean sus mercadería en 10 idiomas. Lo mejor es abandonar el mapa y perderse en sus calles un buen rato.