Comparto con los fans de Viajes y Carreras las vivencias de aquella edición del 30 de agosto de 1988 en Spa-Francorchamps, donde tuvo lugar uno de los accidentes con mayor número de vehículos involucrados en la historia de la categoría.
Tuve la suerte de poder viajar a Europa en los años noventa por razones de trabajo. En 1997 visité Francia y decidí viajar para conocer algunas ciudades de Bélgica y “de paso” ver el circuito de Spa, aunque no hubiera carrera.
A pocos kilómetros del circuito van apareciendo carteles de ruta con banderas a cuadros y el mágico nombre Spa-Francorchamps, que aumentan la ansiedad por llegar. Una curva más.. y de repente nos encontramos en la parada del autobús. Sí. Ya estamos en el circuito. Una sensación increíble de estar ahí, seguida de la necesidad de ubicarse, para intentar descubrir el resto del trazado. Ese día había una prueba privada con vehículos BMW, de manera que parte de la pista estaba cerrada.
Después de tomar algunas fotos de recuerdo, me prometí volver para alguna edición de la Fórmula Uno. Mis deseos fueron escuchados. Tuve que viajar por trabajo a Finlandia en agosto de 1998 y así tuve la posibilidad de asistir al Gran Premio de Bélgica a fines de ese mes.

Era un día lluvioso y un tanto frío. Junto a mi marido, caminamos por el paddock, tratando de elegir un lugar desde el cual seguir la carrera. En ese momento el argentino Esteban Tuero competía con el Minardi-Ford y lo visitamos brevemente en su caravan. “Ojalá llueva durante la carrera- dijo Esteban que había marcado el último tiempo de clasificación- creo que eso puede mejorar nuestras chances”.
Seguimos caminando y allí me encontré con el Jefe de Prensa de la Fórmula Uno – recordemos que Argentina recibió a la categoría entre los años 95 y 98 y por eso nos conocíamos- y nos invitó a la Sala de Prensa.
Decidimos entonces que éste era el mejor lugar para ver la carrera. La sala está ubicada al lado del podio y aunque no podríamos ver la largada desde allí, tendríamos una buena visión de La Source y de la subida que lleva a la temible Eau Rouge.
A poco de largar y bajo la lluvia David Coulthard perdió el control del McLaren y se produjo ante nuestros ojos la colisión que involucró 13 autos. Lo más impresionante que recuerdo de ese momento es que se desprendían las llantas con sus neumáticos y se elevaban a la altura de las defensas de las tribunas absolutamente colmadas de espectadores atónitos. Era como un juego de bowling, en que los autos salían disparados en todas direcciones y quedaban dañados contra el guard rail. De alguna manera, Esteban Tuero y algún otro se las arreglaron para pasar en medio del desastre, sin daño alguno.
Los pilotos corrieron a buscar su segundo auto, mientras los camiones batea empezaban a despejar la pista, en una tarea que les llevó más de una hora. Los afectados por la colisión además de Coulthard eran Eddie Irvine (Ferrari), Alexander Wurz (Benetton), Rubens Barrichello (Stewart), Johnny Herbert (Sauber), Olivier Panis (Prost), Jarno Trulli (Prost), Mika Salo (Arrows), Pedro Diniz (Arrows) Tora Takagi (Tyrrell), Ricardo Rossett (Tyrrell), Shinji Nakano (Minardi) y Jos Verstappen (Stewart).

La carrera se relanzó con cuatro pilotos menos, debido a que no había autos de reemplazo para todos, por lo que se quedaron afuera Barrichello, Salo, Rossett y Panis. En la segunda largada, el líder del campeonato Mikka Hakkinen hizo un trompo en la primera curva y fue impactado por Johnny Herbert y ambos debieron abandonar. Damón Hill tomó la punta, luego Michael Schumacher lo superó y comenzó a acumular muchísima ventaja sobre Hill – más de 30s- y se encontró en la pista con Coulthard retrasado. Éste aminoró su velocidad pero se quedó en la misma línea de marcha. El spray de la lluvia complicó la visión de Schumacher quien lo embistió dañando irreversiblemente su Ferrari. Ambos autos fueron a los pits y Schumacher corrió al box de McLaren con manifiesta intención de agredir a Coulthard, aunque el personal de ambos equipos logró separarlos.
Volviendo a la carrera, Hill heredó la punta con Ralf Schumacher, su compañero de equipo, segundo y con intenciones de superarlo. Eddie Jordan no quería arruinar su día soñado con una lucha en condiciones de lluvia que lo podía dejar sin nada, y entonces – lo supimos después- ordenó mantener posiciones. Damon Hill, Ralf Schumacher y Jean Alesi subieron al podio, exultantes.
He tenido la oportunidad de asistir a otros Grandes Premios de Fórmula Uno. Sin embargo, ninguno brindó las emociones de aquel Spa de 1998. Veo una y otra vez los videos de ese día y tengo la satisfacción de haber vivido un Gran Premio inolvidable.