

No queda cerca, por cierto, pero qué lindo sería poder acercarse a este remoto enclave de Australia, para disfrutar de la playa y del MotoGP en la tercera semana de octubre. Algunos tips de viaje.

El circuito de Phillip Island se encuentra rodeado de maravillosos paisajes
Phillip Island es un lugar con una destacada tradición en el deporte motor. En los años 20 se corrían allí las primeras carreras de autos, sobre caminos de tierra. La primera carrera de motos se disputó en 1931 y recién en 1956 se construyó el circuito permanente. Cayó en desuso en los años 70 y principios de los 80, pero tras una importante inversión, fue modernizado en 1985.
Dos ediciones del Gran Premio de Australia se corrieron allí en 1989 y 1990 y recién en 1997 se produjo el retorno del Campeonato del Mundo de MotoGP a este escenario.
Desde entonces los isleños – dueños de este tranquilo lugar de veraneo- conviven con los fanáticos de las dos ruedas y la velocidad y seguro estarán todos listos para alentar a Jack Miller.
Si nos decidimos por asistir a este Gran Premio, entonces hay que comprar un pasaje a Melbourne – que cuesta $ 25.200 por LATAM- y alquilar un auto o disponerse a pagar los transfers que nos lleven a la Isla Phillip, ubicada a 140 km. En materia de alojamiento hay algunos hoteles –la mayoría de alto nivel con cuartos por día de más de 5000 pesos- y dará trabajo reservar uno por menos de 3000 pesos por día la habitación doble, a 15 minutos del circuito.

Las colonias de pingüinos de Phillip Island Foto: visitvictoria.com
Por supuesto que una vez instalados en la isla, la opción es disfrutar de la naturaleza, ver las colonias de pingüinos y la fauna marina, visitar reservas como el Centro de Conservación del Koala y cuando ya estemos cansados de animalitos y arena, aprovechar para conocer Melbourne que es una de las grandes ciudades australianas.

Melbourne, una ciudad soñada
En Melbourne siempre habrá un restaurant o un food truck que son una sensación y podremos recorrer los parques y los jardines urbanos. Hay también mucho arte callejero que refleja las alegrías y las tristezas de los “down-under”, calificativo que bien nos pueden aplicar los aussies a nosotros los argentinos. Al fin y al cabo unos y otros somos “los de allá abajo”.
