Por Laura Cerezo
Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito – de cuya muerte se
cumplieron el pasado 31 de julio 76 años- y Thierry Sabine, creador del Rally Dakar, competencia deportiva de largo aliento, hallaron la inspiración paracrear el legado que los haría célebres, al extraviarse en el desierto y verse obligados a sobrevivir en condiciones extremas.
Ambos murieron en sendos accidentes aéreos, Saint-Exupéry en tiempos de
guerra, Sabine en tiempos de paz, pero los dos en circunstancias no del todo
aclaradas. El Principito -uno de los libros más vendidos del mundo- y el rally Dakar -con más de 40 años de historia deportiva- han trascendido mucho más allá del nombre de sus creadores franceses, de espíritu inquieto y que dejaron la vida por su pasión.
¿Cuánto en común tienen en común Antoine de Saint-Exupéry y Thierry
Sabine? En apariencia, no demasiado. Saint-Exupéry nació con el siglo XX en 1900, Sabine en 1949, apenas cinco años después de la muerte del escritor, cuando el mundo trataba de curar las heridas de la guerra. Sin embargo, tomando prestadas las palabras del genial Jorge Luis Borges podría decirse que los unió el espanto: la lucha por sobrevivir al extraviarse en el desierto y los efectos de esa experiencia traumática, extrema, casi fatal, de la que volvieron para crear lo que los haría de alguna manera eternos, inmortales, imperecederos.
Antoine de Saint Exupéry nació en Lyon, Francia el 29 de junio de 1900 en el seno de una antigua familia aristocrática. Su padre Jean de Saint-Exupéry
conservaba el título de conde. En 1904 Jean fallece y la madre de Antoine
viuda y con cinco hijos de corta edad, decide ir a vivir con una tía de ella que tiene un castillo en Saint- Maurice de Rémens.
Allí Antoine crece en un entorno privilegiado, en medio de un bosque de
árboles propicio para jugar y desplegar la imaginación. Desde pequeño mostró interés por la mecánica y la aviación. Cuando Antoine cumple 9 años la madre decide dejar Saint-Maurice para instalarse en Le Mans con sus hijos.
No era un alumno aplicado, pero su madre era el sostén frente a las reprimendas de su profesores y prefectos. En su adolescencia – cuando estalla la Primera Guerra Mundial- dedica todo su tiempo a leer y escribir poesías. “ A los dieciséis años- confesará más tarde- descubrí los poetas; por supuesto, estaba convencido de que yo también era un poeta y, durante dos años, compuse ufanamente versos como todos los adolescentes”. (1)
Tras el duro golpe que significa la muerte de su hermano François a causa de un reuma cardíaco, logra aprobar el bachillerato superior y debe enfrentarse a la elección de su carrera. Prepara entonces su ingreso a la Escuela Naval, pero el interés por la literatura puede más que la disciplina que exige la preparación.
Mientras todos sus compañeros hacen complicados ejercicios de cálculo en la Escuela Bousset, él escribe cuentos durante las horas de estudio.
Los tres años de preparación concluyen en un rotundo fracaso. No puede
ingresar a la Escuela Naval y acaba de superar el límite de edad.
Aunque le gusta el dibujo, no se siente del todo feliz al matricularse en Bellas Artes en la carrera de Arquitectura. Por fin, en abril de 1921, es convocado para cumplir el servicio militar en el Segundo Regimiento de Aviación.

Su verdadera vocación es volar y tras meses de clases con un monitor, obtiene el título de piloto civil. En Rabat recibe formación militar y logra el título de piloto militar con el grado de subteniente. Sin embargo, a causa de un accidente de avión, queda sin trabajo y muy afectado.
Mientras se recupera de sus fracturas, consigue un trabajo de inspector en una fábrica de ladrillos. Las interminables columnas de números y el encierro de su oficina lo asfixian. “Chico, mi situación me da asco: bostezo en una oficina de dos metros de largo por dos de ancho y miro la lluvia que cae en el patio donde da mi ventana. También hago sumas. Me han encargado clasificar papeles…La vida es muy melancólica…Me gustaría cambiar de oficina: estoy haciendo lo mismo desde hace demasiado tiempo. Soy el tío más desanimado que hay en el mundo” escribe en París en 1923. (2)
A fines de 1924 consigue un nuevo trabajo como representante de los
camiones Saurer y logra escapar al encierro recorriendo rutas. Tampoco logra buenos resultados: en quince meses solo logra vender un camión.
De vuelta en París, Antoine entra en contacto con Jean Prévost, secretario de la revista “Navire d’argent”. Así logra publicar un relato corto titulado El aviador, claramente autobiográfico, en el que relata la experiencia de un monitor de aviación.
En 1926, el éxito de este primer escrito coincide con su ingreso a la empresa
de aviación Latécoère. Esta firma tenía el ambicioso proyecto de crear una
línea comercial que cruzara los mares. Primero habían vinculado Toulouse con Rabat y cuando Saint Exupéry ingresó, la meta era llegar a Dakar en Senegal y de allí a América del Sur, con un recorrido total de 12.400 kilómetros.
Thierry, de los caballos a las motos
Thierry Sabine nació el 13 de junio de 1949 en Neuilly-sur-Seine, una localidad cercana a París. Como la de Saint Exupéry, su familia no tenía apremios económicos, ya que su padre era dentista y su madre anticuaria. La familia reparte su tiempo entre Paris y los fines de semana en Touquet donde tiene una segunda residencia.
En su infancia le llamaron mucho la atención los caballos y se dedicó a los
deportes hípicos. Hacia sus 14 años ya era reconocido en ese ambiente y
también jugaba al rugby. Pero luego esos deportes comenzaron a aburrirlo y sentía que había que volcarse hacia nuevas emociones y aventuras.
Al finalizar su escolaridad, Thierry elige una carrera en Comunicación. Se
inscribe en EFAP, l’ École de Formation des Attachés de Presse donde obtiene su diploma en 1971. Con este título y unos buenos contactos inicia su carrera profesional con el grupo musical “Il était une Fois” y logra popularizar sus canciones en las listas de éxitos de los principales medios.
Así Thierry logra conocer a fondo el panorama de los medios de comunicación en los años 70.

Después de su paso por la prensa del espectáculo, continúa su
carrera a cargo del departamento de prensa de la municipalidad de Touquet. Allí concibe la idea de una carrera de motos en la playa, al estilo de las competencias masivas que se disputaban en los Estados Unidos, cuya primera edición tuvo lugar el 16 de febrero de 1975, para animar el receso invernal. La carrera tuvo 286 participantes entre profesionales y amateurs y en sucesivas ediciones atrajo el interés del público y de los medios.
En este punto de nuestra historia tenemos a los dos personajes enfocados en sus respectivas vocaciones: los aviones para Antoine y el deporte motor para Thierry.
Antoine y la pasión de volar
Antoine de Saint-Exupéry se convirtió en piloto de línea postal de la sociedad de líneas aéreas Latecoère. Esta sociedad – integrada por Beppo de Massimi, Didier Daurat y Pierre Latecoère- tenía el ambicioso proyecto de crear una línea comercial interocéanica.
En 1919 se inauguró la primera línea postal que unía Toulouse con Rabat.
Cuando Antoine de Saint-Exupèry solicita ingresar como piloto en 1926, las
líneas ya llegaban a Dakar. Didier Daurat se encarga de la entrevista de
admisión y tal como hace con todos los novatos, ingresa a Antoine en los
talleres de reparación, para que mecánicos y pilotos compartieran un mismo ámbito, en franca camaradería. Meses después logró pasar con éxito la prueba de pilotaje y así llevó sus primeras sacas de correo de Toulouse a Rabat. Luego haría el recorrido Dakar-Casablanca.
Precisamente desde Dakar, Antoine le escribió a su madre en 1926 : “Estoy
bien y soy feliz” (Carta a su madre, Dakar 1926). (3)
En 1927 lo designaron jefe de la plaza aérea de Cabo Juby, una de las escalas
de la ruta Casablanca-Dakar, que pertenecía a los españoles. Llevaba una vida de fraile- según el mismo describe- en pleno Sahara español, encerrado tras unas empalizadas de alambre y con unos pocos enseres. Debía estar
disponible noche y día para rescatar cualquier avión caído en el desierto, lo
que podía ocurrir a menudo. Saint-Exupéry debía entonces salir al desierto,
ubicar el avión y ayudar a solucionar la avería, mientras los moros hostiles
vigilaban de cerca. Cumplió esa misión 18 meses. Antes de partir a un nuevo destino recibe la Cruz de Caballero de la Legión de Honor.
Llegó entonces su nuevo nombramiento, el que trajo al escritor a su nuevo
destino en Buenos Aires, Argentina. Daurat lo designa director de la compañía Aeropostal Argentina. El cambio es brutal: de las enormes extensiones de arena infinita, pasa a ocupar un departamento en la Galería Güemes en un edificio céntrico de 15 pisos, que aún hoy se conserva en recuerdo del escritor.
Tenía que abrir una ruta hacia Comodoro Rivadavia y Punta Arenas. Junto a
sus admirados pilotos Mermoz y Guillaumet – éste último se perdería en los
Andes, tal como lo contó Saint-Exupéry en Tierra de Hombres- pasaba todo el tiempo en el avión en busca de nuevos aeródromos, luchando contra los
vientos patagónicos.
Mientras reside en Argentina trabaja además en la redacción de su segundo
libro Vuelo Nocturno, el cual alcanzaría singular éxito y con el cual obtendría el Premio Fémina en diciembre de 1931.
En abril de ese año Saint-Exupéry se había casado con Consuelo Suncín,
viuda del periodista argentino Gómez Carrillo. Por esos días, la compañía
Aeropostal se ve acosada por la falta de crédito y Antoine es despedido de su puesto.

Thierry y su hambre de aventuras
Ayudado por su padre quien era piloto amateur, Thierry en su juventud había comenzado a participar en carreras automovilísticas. Compitió en el Rally de Monte Carlo en 1973 con un Alpine Renault A 110 y en 1975 y 1976 en las 24 Horas de Le Mans con un Porsche 911 Carrera.
Sin embargo, su gran pasiónseguían siendo las motos en la especialidad del off road. Thierry años después, apoyado por amigos y colaboradores organiza la Croisière Verte moto, una competencia que propone ir de Touquet a Niza por caminos rurales y a campo traviesa. Aunque la carrera no goza del mismo impacto mediático que Le Touquet, debido a que se hace difícil de cubrir para los medios en virtud de su extenso recorrido, esta Croisière Verte es el germen del París-Dakar.
Antoine descubre nuevas rutas en el aire; Thierry traza caminos en territorios desolados. Llegaría para ellos el momento de quiebre que cambiaría sus vidas para siempre.
Sobrevivir al desierto
Con la creación de Air France, la Aéropostale cerró de manera definitiva y
Saint-Exupéry tuvo a partir de entonces trabajos temporarios, entre ellos una cobertura periodística para el periódico Paris-Soir con una serie de reportajes desde Moscú, que logran gran repercusión. Gracias a sus buenos ingresos decide comprar un avión, el Simoun, para intentar batir el record de velocidad en la ruta Paris-Saigón.
El 29 de diciembre de 1935 al intentar la hazaña, su avión se estrella en pleno desierto de Libia. Impacta contra una colina y al deslizarse por unos tablones de madera petrificados, Antoine de 35 años y su mecánico Prévot salvan apenas sus vidas. Durante varios días caminan por el desierto muertos de sed, trastornados por el calor y el hambre, experimentando continuos espejismos.
Durante la cuarta noche un beduino salió a su encuentro y los asistió,
salvándolos de una muerte segura. Su conmovedor relato aparece en Tierra de Hombres: “Los depósitos de combustible y los depósitos de aceite están agujereados. Nuestras reservas de agua también. La arena se lo ha bebido todo. Encontramos medio litro de café en el fondo de un termo abollado y cuarto de vino blanco en el fondo de otro.
Encontramos un poco de uva y una naranja. Pero yo calculo: en cinco horas de marcha por el desierto, nuestras provisiones quedarán agotadas.”
Llegado a El Cairo, Antoine comenzó a escribir sobre el accidente y su
tremenda experiencia en el desierto. La avería de su avión, el desierto y su
desesperación son los elementos que estarán presentes en El Principito.
En enero de 1977 – 42 años más tarde de la caída del Simoun en Libia-
Thierry Sabine con 28 años, tomaba parte con su Yamaha XT 500 en el Rally
Abiyán Niza, que unía Costa de Marfil en África con la Costa Azul en Francia.
Con una brújula, un mapa y confiando en su sentido de la orientación, Thierry venía cuarto en la clasificación general hasta que en la etapa Dirku-Madama equivocó el rumbo y se desvió hacia una zona de montañas bajas en el desierto de Teneré, en Níger.
Sin nafta en su moto, sin comida y con un poco de agua pasó 3 días y dos
noches. Igual que Saint-Exupéry, Sabine relataría aquella experiencia en su
libro París-Argel-Dakar: “Me doy cuenta que mi situación es incómoda, difícil. Dos días después no tengo brújula ni reloj, que se estropearon en una caída, mientras trataba de hallar la ruta perdida. Son ya dos días y dos noches que estoy perdido en el desierto, bajo un sol que comienza a hacerme perder la razón.”
Al dejar atrás el avión Saint-Exupéry escribió en la arena: “Partimos en
dirección noroeste. S.O.S.” para orientar a sus eventuales rescatistas. Sabine
en cambio armó una cruz en el suelo con piedras, que fue vista desde el aire
por el avión que tripulaba su amigo Jean Michel Siné, quien lo rescató al borde de la muerte.
Sabine aseguró entonces que el desierto lo había marcado profundamente:
“Desarrolló en mí un instinto y una sensibilidad muy particulares. Y, sobre todo, unos deseos insuperables de volver. Pero, desde luego, ¡jamás volveré solo!”.
Su mente había concebido una caravana recorriendo ese desierto impiadoso. El 26 de diciembre de 1978 desde París 180 competidores iban hacia la odisea. Había nacido el Paris Dakar.
Morir en el aire
Antoine de Saint- Exupéry siguió alternando el periodismo y la tarea de escritor con su pasión por volar. Un grave accidente al despegar para cubrir la ruta Nueva York- Tierra del Fuego le ocasionó fractura de cráneo y de hombro, lo que lo deja prácticamente incapacitado para volar. En 1939 estalla la Segunda Guerra Mundial. Se moviliza como oficial de reserva del ejército del aire en Toulouse, pero debido a su estado solo le confían misiones de reconocimiento.
Cuando Francia firma el armisticio en 1940 consigue una visa y viaja a Estados Unidos. Allí escribió los libros Piloto de Guerra y Carta a un rehén.
Casi por casualidad, su editor americano Curtich Hitchcock, que veía que Saint-Exupéry dibujaba niños por todas partes, en las cartas, en las servilletas, le pregunta qué estaba dibujando. “Poca cosa, es el niño que siempre llevo en el corazón”. El editor no dudó: ¿Y por qué no escribe la historia en un libro para niños? En 1943 se publicaba El Principito en la ciudad de Nueva York.
Tras la publicación, Saint-Exupéry viajó a Argelia, ya que los norteamericanos habían ingresado a la contienda el año anterior. Avanza en su libro Ciudadela y trata desesperadamente que le confíen alguna misión en el aire. Con 43 años y su hombro deshecho lo consigue: le confían cinco misiones que al final son ocho, ya que se inscribe como voluntario para todas.
El 31 de julio de 1944 despegó con su Lightning P38 para la novena: fotografiar las defensas alemanas en la región de Grenoble y Annecy, para preparar el asalto de las fuerzas aliadas. Nunca regresó. Tenía 44 años.
Su muerte fue un misterio: se especuló que su avión había sido derribado, o
que había sufrido una avería, o que tal vez Antoine se había desmayado y
hasta se pensó que podía haberse suicidado, ya que dejó una carta en la que
decía: “Si muero en la guerra me da igual.”
En 1998, un pescador francés encontró entre sus redes una pulsera en la que estaba grabado el nombre de su dueño: Antoine de Saint-Exupéry y también el de su esposa Consuelo, junto a los datos de la editorial de Nueva York que publicó por primera vez El Principito.
El hallazgo llevó a nuevas búsquedas cerca de Marsella hasta que en 2004, se descubrieron los restos del avión, que ahora se conservan en el viejo
aeropuerto, ahora convertido en museo de Le Bourget, en las afueras de París.
El mismo destino de perecer en un accidente aéreo debió enfrentar Thierry
Sabine en 1986, en la octava edición del rally Paris-Dakar.
En la tarde del 14 de enero de 1986 en medio de una etapa durísima, Thierry trepó al helicóptero de la organización para buscar a algunos pilotos que se encontraban extraviados. Partió con demora, con las últimas luces de la tarde y fue entonces cuando en medio de una tormenta de arena el helicóptero se estrelló contra una duna en Gourma-Rharous, en Mali.
Thierry Sabine murió a los 36 años junto a otras cuatro personas, entre ellas el conocido cantante Daniel Balavoine. Múltiples hipótesis se tejieron sobre las causas del choque: un ataque de los militares locales, un explosivo colocado en el rotor, una acción de emergencia. Nadie sabe porqué decolaron de Gossi de noche, cuando habían pedido un auto para completar el recorrido y se especula que pudieron tener una urgencia: quizá una picadura de serpiente (!) o de escorpión, ya que se encontraron gasas en la última escala del helicóptero. Testigos aseguran que la nave volaba muy bajo, tratando de guiarse por las luces de los autos en competencia y que por ello terminó colisionando con la duna.
En pleno desierto de Mali, un árbol y una placa recuerdan el lugar del
accidente, donde fueron esparcidas sus cenizas. Quizá el lugar se parezca
mucho a aquel dibujo del desierto de pocos trazos, apenas dos dunas, sobre
las que brilla una estrella, donde fue visto por primera y última vez El Principito.

Un libro y una aventura como legado
Los nombres de los franceses Antoine de Saint-Exupery y de Thierry Sabine,
aunque conocidos, han quedado casi ocultos bajo el enorme peso de sus
creaciones.
El Principito, desde su aparición en abril de 1943 es uno de los libros más
leídos del mundo y ha sido traducido a más de 440 idiomas. Incluido entre los mejores libros del siglo XX en Francia, es el libro francés más leído y traducido. Se calcula que se han vendido más de 140 millones de copias, a un ritmo actual de ventas de un millón de ejemplares al año. La obra ha inspirado otros formatos de libro, películas y hasta un parque temático. La fundación que lleva su nombre preserva su legado espiritual.
El Rally Dakar tuvo su primera edición en 1979 y celebra este enero sus 43
años de vigencia, al conquistar nuevos desiertos en Arabia Saudita, luego de
diez años de disputa en Sudamérica. La idea de Thierry Sabine fue continuada tras su muerte, primero por su padre Gilbert y más tarde por Amaury Sport Organisation, una filial del grupo de prensa Amaury, propietario del diario deportivo L’Equipe. Cada competencia moviliza a más 2000 personas entre deportistas y asistentes y atrae a una audiencia global en 190 países que siguen el evento a través de la TV, múltiples medios y plataformas.
El Principito y el rally Dakar nacieron pues bajo el signo del desierto, entre
arena y estrellas, producto de la desesperación de sus creadores por sobrevivir a su infortunio.
En la pequeña nouvelle hay innumerables frases que podrían relacionar la
aventura del pequeño príncipe que llega desde un planeta lejano, con la de los aventureros que se lanzan a buscar nuevos desafíos cada mes de enero.
Quizá valga la pena mencionar al menos dos.
En el final del capítulo III El Principito exclama: “Todo recto no se puede llegar muy lejos”, algo que parece sintetizar el espíritu del rally Dakar, que obliga a los competidores a orientarse y buscar una ruta que la mayoría de las veces obliga a dar muchas vueltas para encontrar el rumbo.
En el capítulo XXIV cuando la sed obliga al aviador a salir en busca de agua, ElPrincipito afirma “El desierto es hermoso” y añade: “Lo que embellece el
desierto es que esconde un pozo en algún sitio.”
Antoine de Saint-Exupéry y Thierry Sabine murieron por su sed de aventuras, buscando aquellos pozos de agua en el desierto. Han pasado muchos años de aquellas peripecias y sin embargo lectores y aventureros asistimos todavía fascinados a esa eterna búsqueda en la arena infinita.
Notas
(1) Eyhéramonno Joëlle. (1994) Introducción a “El Principito- The Little
Prince”, Edición Bilingüe, Enrique Sainz Editores. México DF. Pág. 7
(2) Eyhéramonno Joëlle. (1994) Op.cit. pág 9
(3) Eyhéramonno Joëlle. (1994) Op.cit. pág 11